Lanzarote: Un paraíso entre volcanes

costa del Golfo

Y sí, el título no puede ser más explícito. Cuando hablamos de Lanzarote, estamos hablando de una isla puramente volcánica que surgió desde las profundidades del Océano Atlántico. Cuenta con más de trescientos volcanes y trece áreas protegidas, que representan el 40% de la superficie de la isla. Y aunque todo el archipiélago canario es de origen volcánico, es en Lanzarote donde se hace más evidente. Apenas hay vegetación, y los campos de magma solidificado, con sus distintas formas, ofrecen un paisaje espectacular a la vista. Y sí, el tema volcanes, a día de hoy, está en boca de todos. Y si no sabes de qué hablo te explico un poco más.

Parque Natural de los Volcanes
Interior del Parque Natural de Los Volcanes

Las consecuencias de una erupción volcánica

Este último empujón del año 2021 ha supuesto muchos cambios para la vida de algunos, como es el caso específico de los habitantes de la Palma. Para los que no vivimos allí, y más aún para los que no están tan familiarizados con los volcanes, han sido unos meses de mucho aprendizaje. Hoy, términos como fajana, tubo volcánico, piroclastos, bombas volcánicas o jameos, son reconocidos por cualquier persona. Nos hemos vuelto casi expertos vulcanólogos. He escuchado conversaciones que hablaban de sismicidad, tremor o dilatación del terreno como las que hablan de la última película que han ido a ver al cine.

Es verdad que una erupción es un evento traumático, sobre todo para los que se ven afectados por ella. Pero también es un instante que marca la historia de nuestras vidas y de la propia tierra. “¿Recuerdas cuando en 2021 entró en erupción el volcán de la Palma?”. Todos hemos tenido miedo y nos hemos fascinado viendo las imágenes de ese volcán que abre la tierra en dos. El color intenso de la roca fundida y los ríos de lava incandescente que iban abriéndose paso hasta el mar. Por la noche, si cabe, era aún más sorprendente ¿Cómo algo tan terrorífico puede resultar a su vez tan hermoso?

Volcán en erupción de La Palma
Volcán de la Palma

Cuando la naturaleza toma el control

El daño material que causa un volcán es irreparable, ya que hace desaparecer aquello que toca. Pero con el paso de los años, el paisaje será más fácil de admirar. Lanzarote, qué es realmente el tema de este artículo, muestra como queda con el paso del tiempo aquello que vemos hoy en la isla de la Palma.

En el año 1730 la tierra se abrió en Lanzarote, como pasó hoy en la Palma:

«El 1º de Septiembre entre las nueve y diez de la noche la tierra se abrió de pronto cerca de Timanfaya a dos leguas de Yaiza. En la primera noche una enorme montaña se elevó del seno de la tierra y del ápice se escapaban llamas que continuaron ardiendo durante diez y nueve días. Pocos días después un nuevo abismo se formó y un torrente de lava se precipitó sobre Timanfaya, sobre Rodeo y sobre una parte de Mancha Blanca. La lava se extendió sobre los lugares hacia el Norte, al principio con tanta rapidez como el agua, pero bien pronto su velocidad se aminoró y no corría más que como la miel. Pero el 7 de septiembre una roca considerable se levantó del seno de la tierra con un ruido parecido al del trueno, y por su presión forzó la lava, que desde el principio se dirigía hacia el Norte a cambiar de camino […]».

Y así continuaba el relato del Párroco de Yaiza, Andrés Lorenzo Curbelo…

«La masa de lava llegó y destruyó en un instante los lugares de Maretas y de Santa Catalina, situados en el Valle. El 11 de Septiembre la erupción se renovó con más fuerza, y la lava comenzó a correr. De Santa Catalina se precipitó sobre Mazo, incendió y cubrió toda esta aldea y siguió su camino hasta el mar, corriendo seis días seguidos con un ruido espantoso y formando verdaderas cataratas. Una gran cantidad de peces muertos sobrenadaban en la superficie del mar, viniendo a morir a la orilla. Bien pronto todo se calmó, y la erupción pareció haber cesado completamente.”

Pero no cesó, fueron 6 años de erupciones, hasta que en abril de 1736 finalmente terminó. Un tercio de la isla fue engullida por los volcanes que hoy podemos visitar en el Parque Nacional de Timanfaya. Incluso podemos adentrarnos en la caldera de alguno de ellos. Donde solo vemos malpaís y volcanes, antes había 10 pueblos. No quedó nada de ellos. Y aunque las palabras del Cura relatan lo que parece ser el infierno en la tierra, únicamente hubo, según consta en los archivos, una muerte que lamentar.

Montañas del Fuego
Montañas del fuego, Parque de Timanfaya

El resurgir de un pueblo y un entorno arrasados por un volcán

Esa megaerupción, entre otras, que cambió por completo la isla y la vida de sus gentes, creó uno de los paisajes más increíbles que visitar en el planeta. Tanto por lo que sucedió, como por lo que generó después. Los habitantes de Lanzarote, una tierra ya dura de por sí, se adaptaron y crearon una fusión hombre-volcán. La Geria es prueba de ello. Dónde parecía que nada crecería, originaron un ingenioso método para cultivar vides y hoy, los vinos de Lanzarote y sus bodegas, son de esas cosas que no puedes perderte en una visita a la isla. Porque cuando vas a verlo por primera vez, parece que miras un paisaje de Marte, o de la Luna.

Viñedos en la Geria
La Geria, cultivos de viñas.

Y es que la recuperación de un terreno cubierto por lava es casi irreparable, por lo que es más fácil adaptarse a las formas que adopta la tierra. Por ello, muchas de sus construcciones se mezclan con la roca volcánica y otras muchas simplemente emergen o se fusionan con ella. Es el caso de dos de los centros turísticos más famosos de Lanzarote, la Cueva de los Verdes y los Jameos del Agua.

Cuándo se habla de este tipo de instalaciones, nos imaginamos un espacio que el hombre construye para mostrar algo, pero estas “atracciones turísticas” son un paseo para sumergirse en esos términos volcánicos que ahora tan bien manejamos.

Tubos volcánicos y jameos: conociendo los volcanes desde dentro.

La Cueva de los Verdes nos sumerge en las profundidades de la tierra y caminamos por uno de los tubos volcánicos más largos del planeta, que desciende desde el volcán de la Corona y acaba bajo las profundidades del océano. Solo su entrada es un espectáculo. Guarda secretos que exclusivamente son revelados para aquellos que lo visitan, y no seré yo quien los desvele aquí.

Cueva de los Verdes
Vista de la salida de la Cueva de los Verdes

Por otro lado, los Jameos del Agua mezclan más lo artificial con la naturaleza. Y es que el lago interior del jameo principal, parece sacado de una película de ciencia ficción. Y aunque entran ganas de bañarse, está completamente prohibido, ya que en sus aguas vive una especie de cangrejo único en el mundo. Es tan importante que es una de las imágenes más emblemáticas, junto con el diablillo de Timanfaya, de Lanzarote.

Jameos del Agua
Escultura cangrejo, entrada a los Jameos del Agua.

Donde la lava de los volcanes se encontró con el mar

La costa suroeste de la isla es la zona donde la lava se encontró con el mar en las erupciones de 1730. La isla creció en esa costa por las famosas fajanas que tanto nos suenan, dejando un paisaje abrupto y tosco, a la vez que unas hermosas y salvajes playas de arena negra. El océano choca con toda su fuerza contra estas costas, como queriendo recuperar el terreno que una vez la tierra le ganó. Para disfrutar de este espectáculo uno no se puede perder los Hervideros, para sentir de cerca el impacto de las olas y ver como se adentra en el mar por las cavidades de las lenguas volcánicas. Por supuesto, en esta zona podemos disfrutar también de algunos trekkings por el parque volcánico, siempre sin salirse del sendero. O simplemente admirar un atardecer desde la terraza de uno de los restaurantes del pueblo.

Pueblo de El Golfo
Vistas al pueblo del Golfo desde sendero por el malpaís

Mucho más que una tierra de volcanes

Sin embargo, no solo son los volcanes y sus paisajes lo hace de Lanzarote un lugar tan especial. Sus pueblos, de casitas blancas y marcos azules o verdes, se desperdigan por el terreno negro como las estrellas en el cielo. Calles adoquinadas o de arena por las que caminar como si el tiempo fluyera más despacio. Playas escondidas y no tan escondidas. Piscinas naturales que nos hacen plantearnos si estamos en el paraíso o seguimos en la tierra. El calor de la gente, que te recibe con las puertas abiertas y la sonrisa en la cara. La vida en cholas y bañador para ir a cualquier sitio sin importar el mes del año. Y mucho más que no se puede explicar, simplemente hay que vivirlo.

Haria
Vistas del pueblo de Haría

Pero es que si empiezo a hablar de todas esas cosas no sé si podría ponerle fin a este post. Por eso lo dejo aquí. Con la promesa de que volveré a escribir de Lanzarote. Hablando de su gastronomía, quizás de mis lugares favoritos, aunque algunos ya aparecen aquí. De sus playas, de sus miradores, de sus fiestas y de todo lo que por tiempo y por espacio no ha cabido aquí. Y para quién se creía que esta es una isla pequeña, que con solo una semana habrá visto todo lo que tiene que descubrir, siento decepcionaros, porque yo, habiendo vivido toda mi vida allí, aún sigo descubriendo rincones nuevos y fascinándome como la primera vez con otros que no me canso de ver. Además, Lanzarote engancha y aunque una semana no basta para verla, si es suficiente para enamorarse de ella.

Si te ha gustado y quieres ese segundo post, puedes dejarnos tu comentario con lo que más te ha llamado la atención o comentarnos aquello de lo que te gustaría que escribiéramos ¿gastronomía, playas, mis rincones favoritos? Te leemos más abajo. Mientras tanto, puedes ver las rutas que hemos hecho por la isla en nuestro perfil de Instagram y a veces también organizamos viajes grupales a Lanzarote, puedes entrar aquí para ver si tenemos alguno programado próximamente 😉

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en linkedin
Compartir en pinterest
Compartir en whatsapp

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Suscríbete para no perderte nada y ser de l@s primer@s en enterarse cuando lancemos un viaje y otras sorpresas que te pueden interesar